sábado, 21 de enero de 2012

El beso


Despertó, miró a su marido y sintió un fuerte deseo de que la besara, pero él se levantó adormilado y, sin mediar palabra, se fue al baño. Al salir por la puerta, ella le miró y nuevamente deseó ser besada, pero lo dijo con el pensamiento, que él desoyó. Llegó el mediodía. Esperanzada recibió a su marido, que volvía del trabajo. “Ahora me besará.”, soñó despierta, pero se quedó con las ganas, porque él regresaba malhumorado tras una dura mañana. Comieron juntos, él cabizbajo, ella anhelando un beso de postre. Mientras ella retiraba la mesa, él cabeceó diez minutos de más en el sofá y tuvo que volver con prisas al trabajo. Ella se consoló: “No dio tiempo ni para un beso.” No fue diferente el regreso de la tarde, ni la cena del mediodía. Por la noche en la cama, ella pensó “Entonces mañana”, pero él se quejó: - ¡Ya nunca me besas!